HISTORIA DE LOS REYES MAGOS DE ORIENTE

Mamá, ¿Los Reyes Magos existen?

Un bonito día de invierno un niño llegó a su casa muy disgustado porque se había enterado en el colegio que los Reyes  Magos no eran los que dejaban los regalos a todos los niños la madrugada del 5 al 6 de enero, sino los propios padres eran los que compraban los regalos y los dejaban bajo el árbol esa madrugada.

El niño comentó a sus padres que se sentía disgustado y doblemente engañado porque siempre había creído en la magia de los Reyes Magos y ese día había descubierto que sus padres le habían mentido durante todo este tiempo.

Los padres, al ver la tristeza del niño, lo sentaron y le dijeron: No te hemos engañado, la verdadera historia es esta:

Cuando el niño Jesús nació, los Reyes Magos siguieron la estrella de oriente y llegaron hasta el niño Jesús para adorarlo y darle tres regalos: incienso, oro y mirra. Al recibir los regalos, el niño Jesús se puso muy contento, por lo que los Reyes Magos pensaron en hacer regalos a todos los niños del mundo. El niños de Dios que estaba escuchando le pareció una magnífica idea, y que a partir de ahora todos los niños del mundo recibirían un regalo una vez al año para rememorar la visita que los Reyes Magos le hicieron a él. Pero los Reyes Magos empezaron a organizarlo y se dieron cuenta de que no podían hacerles regalos a todos los niños del mundo en una sola noche por muy rápido que fuesen sus camellos. Entonces, al niño Jesús se le ocurrió que podían ayudarle los pajes reales, pero ¿Cuántos pajes harían falta?, preguntó el niño Jesús. Al menos uno por niño, y además deberían conocerlo muy bien para acertar con los regalos, añadió Gaspar.

El niño Jesús se puso a pensar y se le ocurrió que no existían mejores pajes reales que conociesen mejor a los niños que sus propios padres, así tendrían dos pajes para ayudarles en vez de uno. Por lo que a partir de ese día, el niño de Dios ordenó que la madrugada del  5 al 6 de enero, todos los padres del mundo le hiciesen un regalo a sus niños, pero deberían guardar el secreto y hacerles creer que eran los Reyes Magos los que realmente traían los regalos hasta que se hicieran mayores y pudieran entender esta decisión y pudiesen participar.

El niño, al escuchar la historia, entendió que los padres no le habían engañado todo este tiempo y que eran pajes reales de los Reyes Magos y por eso siempre acertaban en todos sus regalos.

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